La experiencia olvidada : la revolución de los claveles

Charles Reeve
samedi 25 août 2012
par  Eric Vilain
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En la madrugada del 25 de abril de 1974, una parte del ejército portugués, bajo el mando de los oficiales del Movimiento de las Fuerzas Armadas, MFA (1), lanza una operación destinada a derribar el gobierno post-salazarista de Caetano.

Desde hace trece años, el régimen fascista portugués estaba enredado en una guerra con las colonias africanas (Guinea-Bissau, Angola y Mozambique). Parecía incapaz de recuperarse (2). Los gastos militares representaban una carga asfixiante para la economía y penalizaban la necesaria modernización del Estado. Amenazados durante cuatro largos años de servicio militar, muchos jóvenes proletarios preferían emigrar, huir de la pobreza y el uniforme. Sin embargo, y a pesar de la fuerte represión policial, las luchas obreras no han conocido tranquilidad desde mediados de los años sesenta, y los sectores capitalistas modernos aspiran abiertamente a una transición hacia un régimen democrático parlamentario. La guerra colonial no se podía ganar y aparecía a los ojos de la población como un factor de inmovilismo. Hacía falta pasar página a toda costa.

Una vez desencadenado el golpe, el pueblo de Lisboa y de Oporto acude en masa a las calles, desafiando las consignas militares que pedían a la población que permaneciera en casa escuchando la radio y contemplando los acontecimientos en la pequeña pantalla. Por todas partes, desde las pequeñas ciudades hasta las olvidadas aldeas de lo más recóndito del país, el rechazo del régimen deshonroso va acompañado de una oleada de protesta social que no había sido prevista por los conspiradores condecorados. Así fue como dos años de intensa agitación social y política transformaron un golpe de Estado militar en una "revolución de los claveles" (3).

Desde los primeros días, los militares se vieron superados por los acontecimientos. En particular, la exigencia popular de detener el envío de nuevas tropas a África y del regreso inmediato del contingente precipitaron la búsqueda de una solución política a la cuestión colonial. Las manifestaciones por el fin de la guerra se sucedieron, las revueltas impidieron el embarco de las tropas, mientras que en África se rebelaban los soldados, dejando las armas y exigiendo volver.

Dos meses más tarde, en julio de 1974, los jefes militares hablan de la necesidad de transferir el poder a las organizaciones nacionalistas africanas que llevan la lucha armada en las colonias. Eso se logrará un año más tarde. La movilización popular contra la guerra impone de hecho el fin del colonialismo ; es un hecho histórico definitorio e irreversible de la revolución de los claveles. Las concesiones hechas a toda prisa a las organizaciones nacionalistas -expertas en la guerra de guerrillas pero sin preparar para asumir el nuevo poder del Estado postcolonial- sólo fueron la respuesta burguesa a esta aceleración de la Historia.


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